Algunos párrafos del Caballero Supremo Carl A. Anderson

Icono del Amor Hermoso

Bajo la protección maternal de Nuestra Señora, acudimos a la Sagrada Familia como el modelo perfecto de amor y fidelidad.

Carl Anderson

EN ESTE NÚMERO de Columbia, recordamos un evento extraordinario en la historia de Caballeros de Colón que sucedió el 12 de diciembre de 2014, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Ese día, Mons. Eduardo Chávez, hermano Caballero y postulador de la causa para la canonización de San Juan Diego, entregó la Rosa de Plata de Caballeros de Colón al Papa Francisco al final de la Misa Pontificia celebrada en honor de Nuestra Señora. Al recibir la Rosa de Plata, el Santo Padre la besó y luego la colocó frente a una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en el altar mayor de la Basílica de San Pedro.

Esta ocasión siguió a la 55a Carrera de la Rosa de Plata, una peregrinación que comienza en Canadá, cruza todo Estados Unidos y termina por lo general en Monterrey, México. El año pasado, sin embargo, los hermanos Caballeros llevaron la rosa hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. Es una peregrinación en honor de María, que también expresa la dedicación de Caballeros de Colón a la visión de San Juan Pablo II de una mayor unidad de todo el Hemisferio Occidental.

En todo esto, sentimos una solidaridad especial con el Papa Francisco, cuya devoción personal por Nuestra Señora de Guadalupe es extraordinaria. Algo antes, el 12 de diciembre, tuve el privilegio de analizar junto con el Santo Padre la importancia de Nuestra Señora de Guadalupe para la misión de la Orden. Claro que este año, al prepararnos para la Reunión Mundial de las Familias con el Papa Francisco en Filadelfia, Nuestra Señora de Guadalupe tiene una importancia especial para nosotros. Las familias del mundo entero necesitan oír cada vez más claramente su mensaje de esperanza, misericordia y reconciliación. Y es necesario que tomen en serio su mensaje de respeto por los pobres y los pueblos indígenas del mundo.

Durante su cuarta aparición en diciembre de 1531, Nuestra Señora describió a Juan Diego como “el más pequeño de mis hijos” y le dijo que no temiera. Entonces le dijo “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”. El mensaje de María es especialmente importante para nosotros al continuar nuestro nuevo programa para las familias “Construyendo la Iglesia Doméstica; La Familia Plenamente Viva”. Como lo indica claramente la sanación del tío de Juan Diego, Juan Bernardino, Nuestra Señora de Guadalupe nos conduce al Señor por medio de una preocupación especial por la familia.

Información obtenida de la pagina de Caballeros de Colón www.kofc.org