Los antecedentes inmediatos a la aparición de Santa María de Guadalupe

Cango. Dr. Eduardo Chávez

Ante el caos y la desolación, ante la violencia y la enfermedad, ante la injusticia y el crimen, Dios interviene. Los hechos históricos que antecedieron a la aparición de la Virgen de Guadalupe, o diré con mayor precisión, el encuentro de Dios con los seres humanos, por medio de su Madre, Santa María de Guadalupe, fueron por demás dramáticos.

No se puede ocultar el tremendo choque que sufrieron los indígenas con el drama de la Conquista, la depresión ante la peste de la viruela, que mató cerca de la mitad de la población indígena. Una terrible depresión al contemplar destruida toda su estructura social, política, económica; y, lo más importante para ellos, la destrucción de su estructura religiosa; ver despedazados sus ídolos y templos; aquello por lo que habían dado, literalmente, su sangre. Un verdadero drama épico. Asimismo, y para sorpresa de algunos, también fue un tiempo terrible para los buenos españoles, en especial para los primeros misioneros evangelizadores; quienes, a su manera, trataban de ayudar y proteger a los indígenas, defendiéndolos y defendiéndose de los malos gobiernos de españoles, especialmente la llamada Primera Audiencia, que acumulaban un sinfín de crímenes al punto que trataron de asesinar al obispo, sí, así es, la situación llegó a tal punto que estos criminales trataron de asesinar a su propio obispo, fray Juan de Zumárraga, quien sustentaba también el cargo de Protector de Indios. Al prelado no le quedó más remedio que lanzar la excomunión contra estos malhechores y el entredicho a su propia diócesis, es decir, el obispo solemnemente castiga a su propia grey quitando la administración de cualquier sacramento.

fray A tal punto estaban las cosas que los franciscanos decidieron abandonar la Ciudad de México. Antes de salir de su monasterio en secreto, fueron a la iglesia y consumieron el Santísimo y se retiraron a Texcoco, junto con los niños de su escuela. El historiador del siglo XIX, Joaquín García Icazbalceta, narró cómo los misioneros dejaban la iglesia: “dejando el sagrario abierto, los altares desnudos, el púlpito y bancos trastornados; en suma, la iglesia yerma y despoblada”.[1] Era tal el momento que se estaba viviendo, que incluso los misioneros pensaron seriamente en abandonar la Nueva España de forma permanente y regresar todos a España, como lo declaraba fray Toribio de Benavente, Motolinia: “Algunos pueblos, –decía el seráfico– casi del todo se despoblaron, y otros se iban despoblando, si no se pusiera remedio en moderar los tributos, lo cual fue causa que los españoles se indignasen tanto contra los frailes, que estuvieron determinados de matar algunos de ellos, que les parecía que por su causa perdían el interés que sacaban de los pobres indios. Y estando por esta causa para dejar los frailes del todo la tierra y volverse a Castilla.”[2]

Las cosas se tornaban cada vez más difíciles para los valerosos frailes que trataban de proteger a los indígenas de las garras de sus propios paisanos. Los frailes y, especialmente, fray Juan de Zumárraga, estaban dispuestos a dar su vida con tal de que la justicia prevaleciera. Así que el año 1529, y bajo miles de piruetas, Zumárraga logró lanzar una desesperada carta al rey y emperador Carlos V en donde le dio noticias de lo que estaba sucediendo en México y, al final de este dramático reporte, el obispo hacía una aclamación con todo su corazón: “si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente”. [3]

Y, ante el asombro de todos, Dios sí intervino en esta situación caótica y lo hizo por medio de lo más amado para Él, su propia Madre. Ella, la primera discípula y misionera del Amor de Dios es la Estrella de la Esperanza, la Estrella de la Evangelización, como lo declaró el Papa Juan Pablo II: “María Santísima de Guadalupe es invocada como «Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización»”.[4]


[1] Joaquín García Icazbalceta, Fray Juan de Zumárraga, Ed. Espasa-Calpe (=Col. Austral 1106), México 1952, p. 56.

[2] Fray Toribio de Benavente, Motolinia, Historia de los indios de la Nueva España, Ed. Porrúa, (=Col. “Sepan Cuantos…”, N° 129), México 2007, p. 194.

[3] Carta de fray Juan de Zumárraga al rey de España, México a 27 de Agosto a 1529, f. 314 v.

[4]Ecclesia in America, Nº 11.