Capilla edificada en lo alto del cerro del Tepeyac
Cango. Dr. Eduardo Chávez
 

capilla En la cima del cerrito del Tepeyac, lugar sagrado donde aconteció las primeras apariciones de Nuestra Santísima Madre, la Virgen de Guadalupe, actualmente se encuentra uno de los templos más queridos por los peregrinos. La capilla del cerrito, si bien la mayoría de la gente piensa que fue el que pidió la Virgen de Guadalupe, es importante saber que no fue éste el templo, la “Casita Sagrada”, que tanto deseaba la Niña del Cielo, pues Ella lo quiso en el llano del Tepeyac. Así pues, la capilla que se construyó en la cima del Tepeyac fue para conmemorar sus primeras apariciones y el lugar en donde surgieron las rosas de Castilla, es decir las flores extraordinarias, milagrosamente enraizadas en lo alto de este cerro bendito, y que fueron la señal que la Virgen de Guadalupe envió al obispo fray Juan de Zumárraga, por medio de san Juan Diego, para que el obispo aprobara la construcción de la “Casita Sagrada” en el llano del Tepeyac.

Fue hasta 1666 cuando el devoto Cristóbal de Aguirre y su esposa Teresa Pelegrina, conocidos en el pueblo por tener un negocio en donde se vendía pan. Ellos comenzaron a ahorrar para poder homenajear a la Virgen de Guadalupe construyéndole una capilla en lo alto del cerrito del Tepeyac, el que contaba con un retablo sencillo y un cuadro de la Guadalupana, para así celebrar  la primera misa como ya era de esperarse, el 12 de Diciembre de ese mismo año.

Año con año, llegarían cada vez más peregrinos hasta la cima del Tepeyac para celebrar la aparición de María de Guadalupe y el milagro de las rosas. Para 1748, debido a la cantidad de visitantes que se recibían, el sacerdote D. José María Montúfar mandó demoler la pequeña ermita y comenzó a fabricar en ese mismo lugar una nueva pero más espaciosa y con un diseño mucho más elaborado, de acuerdo a la época; misma que existe hasta el día de hoy en el Recinto Guadalupano y que a pesar de sus varias restauraciones, conserva su belleza inicial.

La capilla del cerrito destaca por una sencilla decoración pero con profundo contenido. En la fachada por ejemplo encontraremos monumentales columnas estípites e iconografía del México antiguo,  como el Sol y la Luna; dignos representantes de la cosmogonía prehispánica, símbolos de la dualidad.

El interior nos sorprende aún más, ya que para dónde sea que miremos encontraremos maravillas artísticas. En las laterales de la nave central se pueden apreciar hermosos murales, elaborados por Fernando Leal en 1950, los cuales narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe; la hermosa cúpula se encuentra revestida de mosaico veneciano teniendo en su haber a la Santísima Trinidad. Y para finalizar el precioso retablo de mármol donde admiramos una preciosa pintura de la Virgen de Guadalupe, que nos mira misericordiosa y espera a lado de los arcángeles, Miguel y Gabriel que la visitemos en este lugar elegido por Ella para bendecirnos.[1]


[1] CEPEDA, Félix Alejandro. “América Mariana. Las Imágenes de la Santísima Virgen”. Ed. José Saenz. 1925