El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego

encuentro Hace casi cinco siglos, mi venerable antecesor Fray Juan de Zumárraga, recibió la insólita petición de un indio recién converso que, a nombre de María, la Madre de Jesús, le pedía construyese un templo en el Tepeyac, donde antes había existido otro santuario pagano dedicado a la diosa madre de los dioses. Con natural recelo lo hizo seguir por gentes de su confianza, quienes lo perdieron de vista; no obstante le calumniaron diciéndole que "nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que decía". (Nican Mopohua, v. 85).

Hoy en día no solo existe ese templo, sino millares de otros, y tanto en México como en toda América han sido profundamente transformados por ese Acontecimiento, que el Santo Padre en persona ha calificado como "un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada" (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Ecclesia in América, México 2 de enero de 1999, no. 11). Sin embargo, se siguen emitiendo juicios aún más negativos sobre ese indio, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, es decir: no sólo que "soñaba o imaginaba", sino que él mismo no fue sino sólo un sueño, una imaginación.

En la Historia de la Salvación, el Misterio se ha manifestado y ha obrado siempre a través de un hecho, o de un gesto o de una persona en particular. La historia bíblica documenta este método de Dios continuamente. La máxima concretización de este método divino usado por Dios para obrar la salvación del hombre es la encarnación de su Hijo Jesucristo en el seno de María de Nazaret. Dios continúa usando el mismo método a lo largo de la historia, y probablemente lo usará hasta el final de los tiempos. Un particular histórico: el Acontecimiento Guadalupano, el encuentro de Santa María de Guadalupe con Juan Diego obedece a este mismo método.

La fe católica es una fe razonable precisamente porque corresponde a la naturaleza estructural del hombre y porque es histórica. Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio, escribe: "el proceso de encuentro y confrontación con las culturas es una experiencia que la Iglesia ha vivido desde los comienzos de la predicación del evangelio. El mandato de Cristo a los discípulos de ir a todas partes <> (Hch 1,8) para transmitir la verdad por él revelada, permitió a la comunidad cristiana verificar bien pronto la universalidad el anuncio y los obstáculos derivados de la diversidad de las culturas… Ante la riqueza de la salvación realizada por Cristo caen las barreras que separan las diversas culturas.

La promesa de Dios en Cristo llega a ser ahora, una oferta universal, no ya limitada a un pueblo concreto, con su lengua y costumbres, sino extendida a todos como un patrimonio del que cada uno puede libremente participar. Desde lugares y tradiciones diferentes todos están llamados en Cristo a participar en la unidad de la familia de los hijos de Dios. Cristo permite a los dos pueblos llegar a ser <>… El anuncio del Evangelio en las diversas culturas, aunque exige de cada destinatario la adhesión de la fe, no les impide conservar su identidad cultural propia". (Juan Pablo II, Fides et Ratio, 70 -71).

El hecho Guadalupano y El encuentro de Juan Diego con la Virgen de Guadalupe es la confirmación de todo esto. Este libro contiene los principales informes que gente de mi absoluta confianza, como es la Congregación para las Causas de los Santos, ha revisado y aprobado sobre ese acontecimiento y su protagonista.

Reseña hecha por: Norberto Cardenal Rivera Carrera. Arzobispo Primado de México

Referencia: Fidel González, Eduardo Chávez, José Luis Guerrero. El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego. Ed. Porrúa, México (5a edición 2011) 608 pp.