Flor y Canto del Amor que Santa María de Guadalupe
nos entrega

Cango. Dr. Eduardo Chávez

En el Nican Mopohua se habla de la “tierra de las flores”, lugar celestial, lugar de Dios. Los indígenas lo proclamaban en sus cantos, como por ejemplo cuando decían:

Flores con ansia mi corazón desea,

sufro con el canto, y sólo ensayo cantos en la tierra,

quiero flores que duren en mis manos […]

¿Yo dónde tomaré flores hermosas, hermosos cantos?

Jamás las produce aquí primavera…”[1]

Y también afirmaban:

Sacerdotes, yo os pregunto: ¿De dónde vienen las flores...?

¿El canto que embriaga, el hermoso canto?

Sólo provienen de la casa, del interior del cielo,

Sólo de allá provienen las variadas flores...”[2]

Y con una maravillosa espiritualidad, los indígenas proclamaban:

¿Quién no anhela tus flores, oh Dador de Vida?

[…] bañadas están de sol tus múltiples flores:

¡Son tu corazón, son tu cuerpo, oh Dador de la Vida![3]

flor y canto  

Ahora, aquí en el Tepeyac, la Virgen de Guadalupe “rescata” las “semillas del Verbo”, es decir, purifica y quita todo error, toda idolatría; Ella rechaza todo sincretismo y realiza una perfecta inculturación del Evangelio. Es decir, Ella toma sólo lo bueno del “cielo” indígena, y lo armoniza con el mismo “cielo” de su Hijo Jesucristo y, con Él, a todo ser humano. Desde el primer momento en esta “atmósfera celestial” y “maternal”, la Virgen de Guadalupe recuperó lo bueno y positivo de las tradiciones indígenas, quitó todo error y también sanó y restauró toda herida que se pudiera haber encontrado en lo profundo del corazón.

          Ella pide se le construya una “casita sagrada” para manifestar, ensalzar, entregar, ofrecer todo su Amor-Persona, que era su propio Hijo, Jesucristo, el Camino, la Verdad y la Vida; el único y eterno sacrificio, Flor y Canto de su Amor. María es el instrumento amoroso de Dios que restaura siempre con alegría, es la Nueva Eva que nos trae al Nuevo Adán, al Salvador y Redentor. Como dice el Papa Benedicto XVI sobre Jesucristo obediente a la voluntad del Padre: “Él mismo se convierte en el verdadero «sacrificio» al entregarse por completo en obediencia y amor, amando «hasta el extremo» (Jn 13, 1). Viene de Dios y fundamenta así el verdadero ser humano. Como dice Pablo, contrariamente al primer hombre, que era y es de tierra, Él es el segundo hombre, el hombre definitivo (el último), el «celestial», y es «espíritu dador de vida» (1 Co 15, 45-49). Viene y a la vez es el nuevo «reino». No es solamente una persona, sino que nos hace a todos «uno» en Él (cf. Ga 3, 28), nos transforma en una n


[1] «Cantares Mexicanos», en Ángel María Garibay K., Historia de la Filosofía Náhuatl, T. I, cap. 3, n°. 6, p. 192.

[2] «Cantares Mexicanos», en Ángel María Garibay K., Historia, p. 177.

[3] «Cantares Mexicanos», en Ángel María Garibay K., Historia, p. 177.