El Acontecimiento Guadalupano se divulgó de manera portentosa tanto por indígenas como por españoles

Cango. Dr. Eduardo Chávez

Poquísimas personas supieron del Acontecimiento Guadalupano por la lectura del manuscrito llamado Nican Mopohua; ya que este importante documento está escrito en caracteres latinos, y sólo unos cuantos indígenas podían leer en este tipo de caracteres; así mismo, está escrito con sonido náhuatl, por lo que también eran poquísimos los españoles que entendían este idioma; por lo tanto, sólo un selecto grupo de personas tanto indígenas como españoles que podían leer y entender el Nican Mopohua; además era un manuscrito, por lo que también poquísimos tuvieron acceso al original o a algunas de las escasísimas copias manuscritas que se elaboraron.

Así que el Nican Mopohua, si bien es el documento más exacto, pleno, bello, evangelizador e histórico del Acontecimiento Guadalupano; no es la fuente por la cual, de manera masiva, los indígenas y los españoles conocieron los pormenores del impresionante suceso, sino que las fuentes principales para el conocimiento del gran suceso son tres. Una es la tradición oral, de los protagonistas en este portentoso Acontecimiento, especialmente Juan Diego, quien no se cansaba en divulgarlo de viva voz, como lo decía Marcos Pacheco, quien en 1666 declaró que su tía, María Pacheco, lo transmitía a sus propios familiares: “que todo lo que lleva dicho se lo contaba a él y a sus hermanos, la dicha su tía [María Pacheco] con toda distinción, porque lo sabía de boca del dicho Juan Diego y era público en aquella ocasión en todo este pueblo y fuera de él”.[1] Después de la aparición de la Virgen de Guadalupe, Juan Diego vivió cerca de 16 años en una chocita que se le hizo pegada a la ermita y ahí hacía una vida contemplativa, sin dejar de manifestar todos los detalles del maravilloso suceso.

maguey Por el otro lado, la segunda fuente del suceso guadalupano, es la misma Imagen plasmada en la humilde tilma de Juan Diego, ya que esta Imagen es todo un códice y encierra un gran cúmulo de portentos, como su misma preservación; es una verdadera carta abierta y un mensaje para todos los seres humanos, por medio de una cultura ancestral y que trasciende tiempos y espacios.

Y, finalmente, una tercera manera es por los “tiempos”, o “signos de los tiempos”, en donde se da el Acontecimiento Guadalupano. Por ejemplo, el hecho que haya sido en el tiempo de la Octava de la Inmaculada Concepción, en el tiempo litúrgico de Adviento; asimismo, desde el ángulo indígena, el hecho de que haya tenido lugar exactamente en solsticio de invierno de aquel año de 1531; año que era reconocido como 13 caña, es decir: Tlahuiscalpan, que significa: “rumbo de la casa de la luz”, “algo nuevo inicia, un nuevo día, una nueva era, llena de la sabiduría de Dios”, y en un lugar en donde el ambiente maternal del Tepeyac era ya de siglos, el que la Virgen de Guadalupe hubiera pedido su templo, su “casita sagrada” en el llano del Tepeyac, que significa en la raíz de lo sagrado, es decir en lo verdadero y bien sustentado de lo divino, que todo esto se diera en la fiesta más importante que era la llamada: Panquetzaliztli, que el fraile del siglo XVI, fray Toribio de Benavente, Motolinia, declaró que era la “Fiesta Principal” entre los indígenas, ya que era como la “Pascua indígena”, etc. Tantos elementos que los indígenas supieron interpretar, y esto también les “hablaba” de la importancia y lo gozoso del Evento Guadalupano, una verdadera y perfecta inculturación; y, los indígenas no fueron los únicos que transmitieron el Acontecimiento Guadalupano, sino que los mismos españoles también lo hicieron.


[1] Marcos Pacheco, «Testimonio», en Eduardo Chávez, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666, f. 14v.