Santa María de Guadalupe, Madre Amorosa

madre

Cuando Juan Diego llegó cerca del cerro del Tepeyac escuchó el canto como de las más hermosas y preciosas aves, y empezó a contemplar una transformación paradisiaca de todo el cerro, y estando en este arrobamiento, de pronto, cesó el canto, y oyó que una voz como de mujer, dulce y delicada, le llamaba por su nombre cristiano; precisamente de arriba del cerrillo, le decía: «Juanito Juan Dieguito», en el texto náhuatl es: «Juantzin, Juan Diegotzin», forma que manifiesta cariño, amor, ternura, dignificación. De esta manera, Juan Diego captaba que le llamaba una mujer que lo amaba, lo respetaba y lo dignificaba.

Además, el nombre de "Juan" nos recuerda a Juan el Bautista, quien fue el mensajero fiel de Dios y quien preparó su llegada; él es quien saltó de gozo desde el vientre de su madre por el feliz encuentro que se dio con María, quien traía en su inmaculado vientre al Salvador y precisamente la humilde doncella de Nazaret había ido a la casa de su prima Isabel para ayudarla con amor en su esfuerzo por dar la vida.

Y ante el saludo de María, Isabel exclamó: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno, ¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno." (Lc1, 42-44) Así mismo, María viene con Jesús en su inmaculado vientre a México y no para vernos unos cuantos días, sino viene a quedarse con nosotros, es más, es su mismo Hijo Jesucristo quien viene por medio de Ella para quedarse con nosotros en la casita sagrada del Tepeyac.

También se descubre otro importante rasgo amoroso de la Santísima Virgen María quien se convertía en una misionera, una mujer contemplativa y en oración y, al mismo tiempo activa. Y esto es simplemente manifestación del inmenso amor de esta mujer que quería que todos tuvieran el Amor pleno y total que es su propio Hijo, Jesucristo, ella es misionera del amor de Dios para todos aquellos que tanto ama, cuando en aquellos años de 1531 simplemente era impensable una mujer misionera; ya que los evangelizadores todos eran varones, y la mujer estaba en los monasterios orando.

Por otro lado, en México la figura materna era sumamente importante, ya que en la sociedad prehispánica había menos hombres que mujeres, y era muy fácil captar esto sabiendo que el hombre estaba hecho para la guerra, eran muchos los que morían o en la batalla o en la piedra de los sacrificios, por ello con más fuerza el rol de la mujer era de suma importancia en la organización familiar, de hecho ocupaba un lugar central en el núcleo familiar, especialmente en la formación de la prole; los niños crecían teniendo como guía y autoridad inmediata a la madre y no al alejado o ausente padre.

Una de las características particulares de la madre mexicana es que, si bien, era estricta y rigurosa, al mismo tiempo, era tierna y amorosa. Exactamente así se manifestó Santa María de Guadalupe como una madre firme y rigurosa, pero a la vez, cariñosa y tierna, precisamente, un amor equilibrado; una mujer plena y amorosa, discípula y misionera de su Hijo Jesús.